Consulte al Dr. Pablo García Fernández
irPublicada el 10 de Enero del 2012 - 51 Lectura/s
Una dieta equilibrada, sana, saciante y antioxidante es eficaz para controlar la ansiedad y el aumento de peso, mejorar el estreñimiento y depurar el organismo
Fumar es un vicio insano del que dependen millones de personas. Además del absoluto convencimiento personal y de la fuerza de voluntad necesaria para conseguir dejarlo, es preciso superar la barrera de las dificultades, desde la dependencia física (síndrome de abstinencia), psicológica y conductual, hasta la posibilidad de aumentar puntualmente de peso.
Son numerosas las iniciativas sanitarias que tienen en común el apoyo multifactorial -médico, psicológico, dietético- a quienes han decidido dejar este hábito insano. Una de ellas llega desde el Centre d'Assessorament Dietètic de Andorra, donde las dietistas-nutricionistas Marta Pons Jansana y Katia Durich han diseñado una estrategia de intervención-colaboración para reconducir la dieta de quienes dejan de fumar. Bajo el lema "Que los kilos no sean la excusa para no dejar de fumar", animan a aprovechar este momento para mejorar los hábitos alimentarios. La toma de contacto comienza con un breve cuestionario de diez ítems en el que, según la respuesta, la dietista-nutricionista conocerá si la persona se cuida lo suficiente y encauzará de manera individual la pauta dietética.
1. ¿Comes fruta a diario?
2. ¿Siempre hay vegetales en tu plato?
3. ¿Haces más de tres comidas al día?
4. ¿Respetas un mismo horario para comer?
5. ¿Tomas litro y medio de agua o líquidos a diario?
6. ¿No acostumbras a picar?
7. ¿Dedicas al menos veinte minutos a comer?
8. ¿Consumes un mínimo de cuatro veces por semana pescado?
9. ¿Tomas lácteos al día?
10. ¿Practicas ejercicio con regularidad?
Si la mayoría de las respuestas son negativas, proponen comenzar a cuidar la dieta.
El método que siguen las dietistas-nutricionistas consiste en aprovechar un momento de cambio para sustituir el tabaco por una alimentación sana. Pons hace hincapié en que "en ningún caso se plantea como otra restricción", ya que esto "seria un error y crearía más ansiedad". Hay que cambiar un hábito por otro al que se deberá prestar mucha atención y dedicación, concluye.
Jocelyne Bertoglio, dietista del departamento de diabetología del Hospital Universitario de Niza (Francia) está especializada en terapias antitabaco e informa en un documento de una serie de factores que complican los intentos de quien quiere dejar de fumar. En su opinión, la nicotina es la sustancia que provoca graves alteraciones en el metabolismo, lo cual tiene efectos sobre el peso corporal, la digestión de los alimentos, el metabolismo de los nutrientes y la elección de alimentos.
Alrededor de un 10% de las personas fumadoras experimentan un aumento del gasto energético al practicar alguna actividad física debido a la nicotina. El organismo del fumador también consume más calorías para eliminar los tóxicos que contiene el tabaco. Además, se calcula que el metabolismo basal de este grupo está aumentado en unas 200 kcal, en comparación con los no fumadores. La nicotina provoca también un aumento de los niveles de adrenalina, hormona que al liberarse eleva la glucemia. De esta manera, cuando tiene hambre, el fumador recurre al cigarrillo como medio para calmarla, por su capacidad hiperglucemiante.
A su vez, el tabaco deteriora el gusto y el olfato. Por ello, cuando alguien deja de fumar, para calmar la ansiedad sustituye los cigarrillos por alimentos. Ocurre que, al apreciar más y mejor el sabor de estos, se tienen más ganas de comer y se opta en muchas ocasiones por alimentos de sabores fuertes, dulces, salados y/o picantes, que en términos generales se traduce en el picoteo de productos azucarados, con más grasa y, por ende, más energéticos, como dulces, chocolate, galletas, patatas fritas y demás snacks salados. La consecuencia de estos efectos es a menudo el aumento de peso, que si no se frena a tiempo puede conducir a un caso de sobrepeso u obesidad.