Caída de pelo en otoño. Piel: protegida en verano y cuidada en otoño.

Piel: protegida en verano y cuidada en otoño

El otoño es la época más apropiada para rehidratar, revitalizar y rejuvenecer la piel, castigada después de los excesos del verano

 Ni cierran en verano por vacaciones ni en otoño. Los dermatólogos no saben lo que es tener la sala de espera vacía. La razón no es otra que la concienciación, cada vez mayor, de la sociedad por el cuidado y el tratamiento de la piel antes y después de su exposición al sol. Proteger la piel ha dejado de ser una consigna exclusiva para el verano. De hecho, el otoño es un momento propicio para realizar una visita anual a este especialista y someternos a tratamientos que borren las consecuencias de la excesiva exposición al sol durante los meses de calor, como nuevas manchas y arrugas.

El sol del verano castiga la piel, pero ¿hasta qué punto? Una exposición imprudente a la luz solar basta para dejar huellas no deseadas en la piel. Es frecuente que en octubre las consultas de dermatología experimenten un repunte. El motivo principal son los rebrotes de manchas en la piel en personas que ya las tenían y observan un aumento de estas. Las más típicas son el lentigo y el melasma. En el primer caso, aparecen manchas redondeadas, en forma de estrella, fundamentalmente en los hombros y la parte alta de la espalda. El melasma, también llamado cloasma o baño de la embarazada, es una mancha de tipo hormonal, de color oscuro pardo, que aparece en la frente, las mejillas y el bigote, y se caracteriza por tener los bordes difusos.

Las personas más sensibles al frío pueden sufrir cambios en la coloración de la piel

Y es que las partes del cuerpo más afectadas por el sol estival y donde son más visibles esas marcas cutáneas son las que quedan expuestas: la cara y el escote, los hombros y otras en las que no se repara tanto, como el dorso de las manos. Esta es una zona que recibe de forma directa los rayos del sol y donde de manera frecuente también aparecen los lentigos, manchas que suelen ser sinónimo de edad avanzada y que envejecen de manera notable el aspecto de la persona que las tiene. De hecho, la consecuencia de la exposición al sol a largo plazo (tras varios veranos) es el envejecimiento prematuro de la piel.

Las dos caras del sol

 Beneficioso o castigador. Así puede ser el sol, según cómo se tome. Las personas que tiene más probabilidades de ser más castigadas por el sol del verano son los niños, sobre todo los menores de dos años si no se les protege con la crema y la ropa adecuadas. También son víctimas del sol personas cuya piel pertenece a los fototipos 1 (pieles muy claras) y 2 (pieles claras), así como las personas que padecen alergia solar, erupción polimorfa lumínica y enfermedades para las que deben tomar medicamentos que están contraindicados con la exposición al sol, como ciertos antibióticos (la minociclina y la tetraciclina) o los antihipertensivos.

Ahora bien, intentar protegerse del sol a toda costa tampoco es saludable, puesto que el sol facilita la absorción de la vitamina D, curiosamente un aspecto determinante para combatir los procesos de envejecimiento del cuerpo. Esta vitamina actúa como una hormona, facilita la absorción del calcio -que evita la osteoporosis- y, a nivel inmunológico, su carencia puede derivar en una bajada de las defensas del organismo.

Además, algunas enfermedades dermatológicas como la psoriasis, la dermatitis atópica, el acné, el vitíligo o la alopecia areata mejoran con el sol en verano. Es más, la psoriasis empeora en otoño y en algunos de esos procesos dermatológicos, como la alopecia areata, tomar el sol de forma dosificada, lo que se conoce como helioterapia o curas de sol, forma parte de las recomendaciones médicas.