Estilo de vida saludable y envejecimiento.

 Un estilo de vida saludable en todos los aspectos no solo tiene efectos positivos sobre el desarrollo personal en el futuro, sino que también puede reparar daños ya existentes. Un estudio piloto estadounidense publicado en la revista The Lancet Oncology demuestra que los cambios positivos en el estilo de vida pueden invertir el envejecimiento en el nivel celular.

Los investigadores (Universidad de California, San Francisco) llevaron a cabo un estudio en el que comparaba a dos pequeños grupos de varones con diagnóstico de cáncer de próstata de bajo riesgo que no habían recibido el tratamiento convencional con cirugía o radiación. Se pidió al grupo de estudio, formado por 10 varones, que realizara cambios integrales en su estilo de vida, entre ellos comenzar una dieta basada en alimentos integrales, un plan de ejercicio moderado, técnicas de gestión del estrés, apoyo social y otros. Al grupo de control, de 25 miembros, no se le pidió que hiciera cambio alguno en el estilo de vida.

Los investigadores midieron la longitud de los telómeros de los participantes al comienzo del estudio y después de cinco años. Los telómeros afectan directamente a la rapidez con que las células envejecen y su longitud es una indicación de la edad biológica.

La longitud de los telómeros del grupo que hizo cambios integrales en el estilo de vida aumentó significativamente una media de un 10%, mientras que la del grupo de control se redujo una media de un 3%. Cuantos más cambios positivos realizaron los participantes en su estilo de vida, más se incrementó la longitud de los telómeros. El estudio no se diseñó para detectar los efectos que tienen los cambios en el estilo de vida sobre el cáncer de próstata.

Según el autor del estudio Dean Ornish, si se validaran mediante estudios a gran escala, estos cambios integrales del estilo de vida podrían reducir significativamente el riesgo de una amplia variedad de enfermedades y de mortalidad prematura. “Nuestros genes y nuestros telómeros constituyen una predisposición, pero no son necesariamente nuestro destino”, afirma Ornish.