LA MUERTE DE UN SER QUERIDO AUMENTA RIESGOS PARA LA SALUD

 
 LA MUERTE DE UN SER QUERIDO AUMENTA EL RIESGO DE SUFRIR UN INFARTO DE MIOCARDIO
·                                 Por NÚRIA LLAVINA RUBIO
·                                 4 de marzo de 2012

  Se puede “morir de pena”. Aunque suene exagerado, lo cierto es que durante el proceso de duelo por la muerte de un allegado, el organismo se debilita en gran medida por la situación de estrés a la que se ve sometido. El aumento del ritmo cardíaco, la presión arterial y la coagulación sanguínea que provoca el estrés podrían ser la causa del aumento de las probabilidades de sufrir un ataque al corazón justo después del fallecimiento de un ser querido. El apoyo familiar y de los amigos, así como la asistencia médica, son fundamentales para sobrellevar la situación y minimizar
El proceso fisiológico que ocurre durante el proceso de duelo explica, en parte, las conclusiones del estudio. Durante este tiempo, las personas duermen poco, pierden el apetito y aumentan los niveles de cortisol, una hormona que se libera cuando se sufre estrés. Como consecuencia, aumenta el ritmo cardiaco, la presión arterial y la coagulación de la sangre.
Además, los problemas para dormir y la pérdida del apetito alteran el medio interno del organismo y contribuyen a dañar el corazón. Por último, los científicos señalan que el duelo también puede hacer que muchas personas abandonen o descuiden su medicación, fundamental si son fármacos para el control de enfermedades cardiovasculares
El duelo es una respuesta normal y, sobre todo, saludable ante la muerte de un ser querido; es más, es necesario pasar por él para no caer en futuros problemas psicológicos. El sentido es recuperarse de la pérdida con la aceptación de la misma y puede durar entre seis y doce meses. Sumados a los anteriores, los ataques de llanto, mareo, nudo en la garganta, sensación de que lo que ocurre no es real, dolores de cabeza, hiperventilación, náuseas, agitación e irritabilidad, tristeza, depresión, cansancio, dificultad para concentrarse y problemas para dormir, son síntomas frecuentes también.
Aunque el dolor inicial es fuerte, disminuye con el paso del tiempo. No obstante, el duelo puede que no desaparezca por completo. Las primeras sensaciones son de negación y no aceptación de lo que ocurre. También puede producirse un shock emocional que haga que la persona se olvide de lo vivido en momentos concretos. El camino habitual es aceptar poco a poco la pérdida. Aunque el proceso puede alargarse, son las cosas del día a día las que hacen que el afectado se sienta cada vez mejor y lo que le permitirá organizar de nuevo su vida.
La etapa final llega cuando se vuelve a invertir el tiempo en actividades que quizá se habían abandonado y se emprenden nuevas relaciones personales, a pesar de que el sentimiento de culpabilidad a menudo aflora en este momento. Hablar del tema con otras personas, dormir y comer bien, y hacer ejercicio con regularidad, mejora la sensación de bienestar global del organismo, también en el aspecto psicológico. Conviene evitar el alcohol, ya que puede aumentar la sensación de estar deprimido. También es importante prorrogar decisiones importantes hasta que uno se sienta mejor, así como reservar un tiempo personal para llorar, sentir rabia o, simplemente, no sentir nada.