Leche: de indiscutible a cuestionada. Salud y alimentación.

Leche: de indiscutible a cuestionada

 

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Juega un papel esencial en la alimentación de niños y adolescentes, pero es prescindible en la etapa adulta

¿Sirve el calcio de la leche?

 Una vez que las personas alcanzan, aproximadamente, los 25 años, los huesos dejan de crecer; y solo poco después, a partir de los 30 ó 35 años, la masa ósea comienza a decrecer. Un nivel de calcio sirve para compensar las futuras pérdidas. Pero la creencia de que consumir lácteos en la etapa adulta ayuda a prevenir las fracturas de huesos o la propia osteoporosis carece de fundamento científico sólido. El mayor informe prospectivo publicado en el mundo, el Nurses ‘Health Study’, que estudió a 77.761 mujeres de entre 34 y 59 durante 12 años consecutivos, no encontró pruebas que asociaran una mayor ingesta de calcio (de la leche, de los lácteos o de la dieta total) con una reducción del riesgo de fractura de cadera o antebrazo. Por tanto, aún no está demostrado que el consumo de lácteos a partir de cierta edad ayuda a fortalecer los huesos. Sí se sabe que el riesgo de fracturas o de osteoporosis es menor si se mejoran las condiciones de absorción intestinal de este mineral y se eliminan los factores que producen pérdidas de calcio de los huesos. Pero se piensa que lo más eficiente, en materia de dieta es reducir el consumo de sodio y proteínas animales, cuyo exceso se asocia a una descalcificación ósea. Por otra parte, se considera que el aumento del consumo de vegetales (ricos en calcio y en magnesio) y la práctica de ejercicio ayudan a reducir la descalcificación de los huesos. El mérito más significativo de la leche es el aporte de calcio. Aunque lo contenga en cantidad inferior a frutos secos, legumbres o verduras de hoja verde, su calcio es de gran biodisponibilidad: nuestro organismo lo absorbe más y lo asimila mejor. La razón no es otra que la proporción idónea entre el calcio y el fósforo que se da en la leche que, junto a su contenido en vitamina D, lactosa y proteínas, favorece la absorción del calcio y su fijación y acumulación en la masa ósea.

Leche y vitaminas

La leche aporta cantidades moderadas de vitaminas del grupo B, en especial B12, y algunos minerales como el yodo. Sobre la vitamina D, y frente a la creencia popular que hace descansar en la leche un aporte importante de la misma, la realidad pone de manifiesto que su presencia en la leche es nula o insignificante. Desde un punto de vista legal, la leche no cubre los mínimos necesarios para poder considerarla “fuente” de vitaminas A y D (porque el consumo de 100 g no llega a cubrir el 15% de las recomendaciones de ingesta de estos nutrientes).

Leches enriquecidas

 Las leches enriquecidas o modificadas -con fibra, sin lactosa, con aporte extra de vitaminas y minerales, ricas en Omega 3, etc.-, aportan a los consumidores propiedades nutritivas que pueden ser interesantes (en la medida en que se proporcionan en un alimento tan consumido y apreciado como la leche) pero, en opinión de los expertos en nutrición de EROSKI CONSUMER, no hay que sobrevalorar; de hecho, la mayoría son prescindibles para una gran parte de la población. Según la normativa UE, una leche “enriquecida” debe contener en 100 ml al menos el 15% de la Cantidad Diaria Orientativa (CDO) para la población general del nutriente al que hace alusión. Para una persona adulta la CDO de vitamina D es de 5 microgramos (mcg), y como el 15% de esa CDO es 0,75 microgramos, esta es la cantidad mínima de vitamina D que debe aportar una leche “enriquecida en vitamina D” por cada 100 ml de producto.

Productos lácteos con fibra soluble

En este caso, el aporte de fibra no es muy significativo (unos 2 gramos por cada vaso de 200 ml), ya que puede lograrse fácilmente esta misma cantidad mediante otros alimentos (pan, legumbres, cereales integrales), pero la textura de esta leche desnatada con fibra es similar a la de la leche entera, lo que mejora su palatabilidad respecto a las demás desnatadas. Resulta interesante en regímenes de adelgazamiento y, sobre todo, para personas que deben reducir su ingesta de grasa y a las que no les gusta la leche desnatada. La leche con grasa vegetal y libre de colesterol, por su parte, sustituye la grasa saturada de la leche por grasa vegetal insaturada, más saludable, y es adecuada para quien sufre de patologías de vasos sanguíneos y corazón.

Productos lácteos con omega-3

Es otro alimento funcional, o “producto modificado al que se ha añadido o eliminado uno o varios ingredientes con la particularidad de que alguno de sus componentes afecta a funciones clave del organismo, de manera positiva”. El efecto positivo puede ser tanto por su contribución al mantenimiento del estado de la salud y bienestar como a la reducción del riesgo de padecer una enfermedad. La leche con Omega-3 sustituye parte de la grasa natural (la saturada, en concreto) de la leche de vaca por grasa poliinsaturada Omega 3, beneficiosa para la salud. Pero su interés nutricional al igual que otros productos enriquecidos en esta grasa (como huevos, bebidas de soja, galletas, y aceitunas rellenas de anchoa) es solo relativo, ya que según un análisis publicado por EROSKI CONSUMER, los pescados azules, como salmón, bonito y trucha aportan, respectivamente, 3, 4 y 10 veces más grasas Omega-3 que el alimento enriquecido que más los contiene. Así, solo es en verdad interesante la leche Omega-3 para quienes tienen alergia al pescado o, por cualquier razón, prefieren no consumirlo. De todos modos, los ácidos grasos omega 3 se encuentran también en aceites de semillas (girasol, maíz, soja) y frutos secos.