Salud y alimentación. Nutrigenómica.

 

Nutrigenómica, una ciencia joven que camina hacia el bienestar

27 de Septiembre de 2013

EFEsalud.com

Ordovás es una autoridad en el mundo de la nutrición y especialista de primera línea en nutrigenómica, una palabra que cada vez suena con más frecuencia en el ámbito de la salud.

Su libro “La nueva ciencia del bienestar: Nutrigenómica. Cómo la ciencia nos enseña a llevar una vida sana” (Editorial Crítica) pretende “suministrar conocimiento sobre el diálogo ancestral que ha tenido lugar entre los genes y el ambiente alimentario, y que ha definido las necesidades nutricionales de cada individuo”.

Nutrigenómica y nutrigenética

La nutrigenómica comenzó a gestarse desde hace un par de décadas. Ordovás explica que a pesar de que nutrigenómica y nutrigenética tienden a utilizarse indistintamente, tienen una diferencia sutil que conviene matizar.

La primera se refiere a la interacción de los alimentos con el genoma porque, como señala a EFEsalud, “los genes responden a los nutrientes que comemos”.

“Hasta ahora habíamos hecho estudios específicos de un gen, una proteína o un nutriente, pero hoy podemos mirar todos los genes, proteínas y nutrientes, entre otros elementos, a la vez y ver las respuestas de nuestro organismo”, afirma el experto, que dirige el Laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts, en Boston (EEUU).

La nutrigenética, en cambio, analiza la interacción de cada genoma con los alimentos. La creencia popular de que “cada organismo es un mundo” nunca tuvo más sentido.

En palabras de Ordovás: “cada persona reacciona distinto cuando come porque varían las mutaciones en los genes que se encargan de la regulación de los nutrientes”.

Nutrición globalizada

Aunque estos conceptos ya pesan en la comunidad científica, como quedó evidenciado en el XX Congreso Internacional de Nutrición que se celebró la semana pasada en Granada, donde protagonizaron varias conferencias, queda un largo viaje por delante.

Ordovás subraya que se están “desarrollando instrumentos que ya pueden ser utilizados para medir el riesgo de obesidad o enfermedades cardiovasculares y compensar con una dieta mejor; quizás estamos a un 10% del camino, pero es un porcentaje positivo, en la dirección apropiada”.

La ciencia, tal y como expone en su libro, ya tiene la mirada puesta en la prevención y el tratamiento de numerosas patologías, pero es urgente revisar los patrones nutricionales actuales, que se están alejando de la dieta mediterránea y cambiando tan rápido como la moda.

“Tenemos una nutrición más globalizada, la sociedad ha cambiado y ahora hay menos tiempo para comer, se duerme menos y hay más estrés. Además, es más barato y más fácil comer peor”, opina Ordovás.

Otro asunto por resolver es la educación. El objetivo de su obra sobre nutrigenómica es introducir a las personas en esta nueva ciencia “con objetividad y sin fundamentalismos” y analizar la actualidad para “desmitificar” muchas ideas sin evidencia científica que figuran a diario en las noticias.

Ordovás también ha remarcado que la tecnología sigue abriendo campos de estudio. “Estamos investigando no sólo qué o cuánto comemos, sino cuándo lo hacemos. La cronobiología nos permitiría recomendar cómo distribuir los alimentos a lo largo del día para que sean más apropiados para cada genoma”, indica.

Dieta significa estilo de vida

Los avances que nacen en los laboratorios tendrán un enorme impacto sobre la calidad de vida si la tecnología sigue por la senda correcta, pero más allá de los genes, la alimentación y la actividad física hay otros factores que posibilitan el bienestar, según José María Ordovás.

Dieta significa estilo de vida, muchos de los beneficios de la dieta mediterránea no sólo dependen de si tomamos más o menos aceite de oliva virgen, sino también de cómo lo hacemos”, reflexiona.

Comer acompañado, por ejemplo, no es lo mismo que comer solo. La compañía estimula el órgano que nos guía y que también es crucial alimentar: el cerebro que, de acuerdo a Ordovás, “no sólo necesita glucosa, sino que también requiere esas sensaciones saludables que vienen del bienestar, la amistad, la familia y de sentirse bien con uno mismo”.

Agrega que el deporte tonifica los músculos y, además, produce las endorfinas que hacen sonreír al cerebro, por lo que “hay que procurar ese dopaje intrínseco que somos capaces de generar a través de la alimentación, las buenas relaciones y la actividad física”.

Otro factor que es necesario resaltar es el envejecimiento saludable. Ordovás opina que, pese al aumento de la longevidad, “la línea divisoria entre buena y mala salud no cambia porque estamos alargando los años que vamos cuesta abajo”.

La señal indiscutible de ir hacia abajo, para este destacado catedrático, es perder el apetito por la vida. “Sentirte bien y demostrarlo es una actividad mental y cerebral que se deriva de tener una misión clara”, una razón para despertar cada mañana.

“Los centenarios de muchos sitios comen lo que tienen, no hay un nexo común en la dieta”, dice. El factor que parecen compartir es la motivación. “Quienes tienen su misión diaria, mantienen la alegría de vivir y, alrededor de eso, procuran comer y sentirse bien. La nutrición es importante, pero el cerebro también, es nuestro siguiente reto”, concluye.