Verano: el sol y la playa. Protección solar.

El sol influye en el humor, en la energía y en el buen aspecto que presentamos en la época estival, pero no todos los efectos de sus rayos son positivos para nuestro cuerpo. La Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp) nos recuerda qué debemos hacer antes de exponernos al sol este verano para conseguir que sólo seamos receptores de sus propiedades beneficiosas

Madrid, 7 de junio de 2010 (medicosypacientes.com)
El sol es el motor del verano. Durante los meses estivales brilla con más fuerza, nos acompaña durante más horas y nos anima a realizar actividades al aire libre. Sus efectos positivos se reflejan en nuestra piel, en nuestro estado de ánimo e incluso en nuestros huesos, que se refuerzan indirectamente por la producción extra de vitamina D. Pero debemos ser cautos, pues el sol puede convertirse en un elemento terapéutico con contraindicaciones. “Una exposición prolongada y sin la debida protección puede generarnos más problemas de salud que beneficios”, señala Rafael García Gutiérrez, director general de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp)

Cada año se producen en las oficinas de farmacia cerca de diez millones de consultas relacionadas con la piel, pero la mayoría tienen lugar cuando ya ha aparecido algún problema cutáneo. Por esta razón, anefp recomienda recurrir al consejo profesional del farmacéutico antes de exponerse al sol, pues de esta forma evitaremos lesiones leves como quemaduras, irritaciones y alergias. Además, la exposición excesiva al sol puede provocar envejecimiento cutáneo prematuro e incluso fomentar la aparición de patologías más graves como el cáncer de piel.

 

Cómo protegernos

 

Cuando nos exponemos al sol inciden en nuestro cuerpo dos tipos de rayos principales: los infrarrojos, que producen calor, y los ultravioleta, responsables de las alteraciones visibles de la piel. Para defenderse de estos últimos, nuestro organismo produce de forma natural un pigmento protector llamado melanina, pero sólo las personas de tez muy oscura tienen la cantidad suficiente para exponerse al sol sin correr riesgos. Aquellos con pieles más claras y sensibles deben recurrir a protectores artificiales para evitar los efectos dañinos de los rayos.

Por tanto, es importante conocer cuál es nuestro tipo de piel para saber cómo debemos actuar. Para ello, disponemos de la escala de fototipos que cataloga el tipo de piel en función de sus características y de su facilidad para sufrir quemaduras.

Los fototipos van desde el I, en el que quedan incluidas las personas de piel muy blanca y que se queman con mucha facilidad, hasta el VI, que hace referencia a las personas de color, que no se queman. Una vez identificado el perfil de nuestra piel, debemos elegir el fotoprotector más adecuado para ella, con el fin de aumentar la capacidad de defensa frente al sol.

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Además de emplear un producto con el factor de protección solar adecuado, la Asociación para el Autocuidado de la Salud recomienda fijarse en otros aspectos del producto. “Un buen fotoprotector tiene que ser resistente al sudor y al agua y no debe causar irritación”, explica Rafael García Gutiérrez.

Por otra parte, si adquirimos los protectores solares en las farmacias, el consejo del farmacéutico nos permitirá elegir el producto más apropiado para nuestro tipo de piel. En la botica podemos encontrar los protectores solares en diferentes formulaciones: crema (más apropiada para la cara y el escote), leche (para su uso en el cuerpo), spray (idóneo para los deportistas) y las emulsiones oil-free para personas con piel grasa o problemas de acné.